Hecho por:

michael_myers
- 3 PuntoVoto
- 16 puntos mes
- 6718 puntos total
- Usuario activo
-
Ver perfil -
Ver posts -
Ver fotos -
Ver amigos -
Enviar mensaje
Hace poco le pregunté al prestigioso neurocientífico Kenneth Pugh, de la Universidad de Yale, cuál era su concepto de inteligencia. Pugh, un hombre que lleva años estudiando las funciones del cerebro, y que preside uno de los laboratorios más importantes de Estados Unidos, me respondió con un criterio fundamental. “En el sentido más amplio, la inteligencia es la habilidad de desarrollar nuevas habilidades y estrategias para resolver problemas. Es la capacidad de desarrollar conocimiento en un modo que se adapte a las necesidades. (Por eso) el cerebro cambia mientras la experiencia cambia”. Me parece una idea razonable para un concepto que no termina de ser definido. Ahora se habla de inteligencia emocional, de inteligencia creativa, en fin. Saltando esas vallas, no deje de ser curioso que la pregunta que motiva este post ya tenga una respuesta. Años atrás una psicóloga realizó su propia medición y concluyó lo siguiente: el hombre más inteligente del mundo fue el genio alemán Johann Wolfgang von Goethe. Y eso que el ránking no es poca cosa.
La doctora Catharine Cox, de la Universidad de Stanford, realizó un cálculo del coeficiente intelectual de personajes célebres, cuyos resultados figuran en el libro Rasgos mentales tempranos de trescientos genios. “El propósito de este estudio es establecer las características de un grupo de genios jóvenes respecto a ciertos rasgos mentales”, explica la Dra. Cox. “Los sujetos descritos son 301 de los hombres y mujeres más eminentes de la historia. La información utilizada son los registros históricos de su herencia biológica, su niñez y su juventud. El método empleado es la historiometría. Los criterios en la medición de los rasgos concernientes son reconocidos índices psicológicos”. Como rango histórico base, se seleccionó a personajes que vivieron entre los años 1450 y 1850. “Es un grupo representativo y los resultados obtenidos de una investigación sobre la niñez de sus miembros pueden considerarse verdaderos acerca de los hombres y mujeres eminentes en general”, precisa.
Bueno, con el resultado de esa investigación, considerando el que el C.I. promedio es de 100, se estableció el siguiente ranking:
Goethe (210)
Voltaire y Newton (190)
Galileo (185)
Da Vinci, Descartes (180)
Kant (175)
Lutero (170)
Mozart (165)
B. Franklin (160)
Rembrandt (155)
A. Lincoln (150)[size=18]
Por supuesto que no faltarán los reparos a un estudio cuyos rangos temporales excluyen a otras figuras destacadas en distintos campos del conocimiento. Sin embargo, según señala el texto introductorio al trabajo de la Dra. Cox, “los registros pertenecientes a la niñez y juventud de 301 prominentes individuos, incluyendo artistas, músicos, soldados, Jefes de Estado y escritores, ofrecen los hechos que son cuidadosamente recolectados y examinados en el presente estudio. Suministran una base para responder las preguntas relacionadas a nuestro problema”.
El esfuerzo de la Dra. Cox no es el único. En diferentes períodos la ciencia ha planteado variadas formas de medir la inteligencia, incluyendo criterios físicos. “Entre los craneometristas del siglo XIX la disección de colegas muertos llegó a convertirse en una especie de industria casera”, explica el célebre científico evolucionista Steven Jay Gould en el libro La falsa medida del hombre. La hipótesis era que los hombres inteligentes debían tener cerebros más desarrollados. Así parecía confirmarlo el hecho de que el cerebro del célebre zoólogo y naturalista francés Georges Cuvier midió 1,830 kilos y que el dramaturgo ruso Iván Turgénev tuvo una masa cerebral de 2 kilos. Al momento de hacerse esa medición, eso constituía entre 300 y 500 gramos por encima del promedio. Sin embargo, la evidencia se derrumbaba con casos como el del poeta estadounidense Walt Withman, cuyo cerebro pesaba apenas 1,282 kilos.
La historia es bastante más larga, pero baste decir que la medición del coeficiente intelectual resulta la medida más confiable para establecer la inteligencia humana. Y pocos pueden dudar que Goethe de verdad era la sabiduría andando.
Fuente

/>
/>