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'La llorona' es una mujer alta y estilizada cuyo atuendo es de color blanco, aunque no es posible distinguir sus rasgos faciales. Los relatos populares, la describen también como una mujer sin pies, en efecto, parece desplazarse por el piso sin rozarlo.
El mitode 'la llorona' afirma que su eterno penar se debe a que busca a un hijo recién nacido que asesinó arrojándolo al río para ocultar un pecado. Y en esta línea, es parte de su penitencia, castigar a los muchachos que andan de amores prohibidos: se sube a sus caballos y puede llegar a matarlos en un helado abrazo mortal.
Se la llama 'la llorona' porque sus gemidos son tan insistentes que hasta enloquece a los perros, mientras deambula por las noches (sobre todo cuando es noche de plenilunio).
La mayoría de los relatos, la consideran señal de malos presagios, un indicador de mal agüero: puede acercarse para enfermar a las personas, empeorar a los enfermos o traer desgracias a los seres queridos.
En otros relatos, 'la llorona' se presenta como un ser inofensivo que necesita consuelo y ayuda, despertando piedad en la gente que, cuando se acerca a consolarla, les roba todas sus pertenencias.
La Mulata de Córdoba
L a ciudad de Córdoba en el estado de Veracruz, se fundó el 25 de Abril de 1618, sobre una loma conocida en el siglo XVI como Huilango, toma su nombre del Virrey Don Diego Fernández de Córdoba quien otorgó el permiso para la fundación.
En esta ciudad, cierto día apareció una mujer de gran belleza, nadie sabía de su origen y mucho menos su final, lo cierto es que nunca envejecía a pesar de los años. Para la mayoría la Mulata era una bruja, que había hecho pacto con el diablo quien la visitaba por las noches ya que muchos aseguraban que pasando las doce de la noche, salía de su casa a través de las rendijas de puertas y ventanas, una extraña luz pareciendo que había un incendio en el interior.
Desde la primera vez que fue vista, muchos hombres se disputaron su amor sin obtener resultado suponiendo que su único dueño era Satanás. Contrario a esto, la Mulata frecuentaba los sacramentos, hacía obras de caridad y todo aquél que necesitaba su ayuda era escuchado y complacido, sin importar castas o situación económica ya que era abogada en casos desesperados, acudían a ella por lo regular muchachas sin novio, mujeres de edad madura y alguna otra que, por cuestiones físicas, iban perdiendo la esperanza del matrimonio, así como desempleados entre muchos otros.
Una más de sus virtudes era el manejo de la ubicuidad, ya que en cierta ocasión fue vista el mismo día en México y en Córdoba, pero lo común era encontrarla en una cueva. Tanta era la fama de esta mujer que en cierta ocasión llegó presa a la Santa Inquisición, de la cual escapó, sin que nadie supiera cómo, algunos aseguraron que su captura se debió, no porque fuera bruja o hechicera, sino por la simple razón de que poseía diez grandes barriles de barro llenos de polvo de oro.
Pasado el tiempo y ya olvidado este caso, llegó nuevamente el rumor de que había sido capturada y que en el próximo Auto de Fe, saldría con San Benito y vela verde. La ciudad quedó asombrada al enterarse de que había escapado y voló hasta Manila, en Filipinas, ayudada por el mismo diablo quien le abrió la reja. La verdad de los hechos es que el carcelero entró al calabozo en el que se encontraba la supuesta bruja y quedó sorprendido al ver que en uno de los muros, la Mulata había pintado con carbón un velero, ésta le preguntó:
-¿Qué le falta a ese navío?
-¡A ese barco únicamente le hace falta navegar!¡Es perfecto!
-Pues si quieres navegará y muy lejos.
-¡Cómo!¿A ver?
-Así- dijo la Mulata y saltó al velero que al principio iba lento y después rápido desapareciendo con la bella mujer, por uno de los rincones del calabozo.
Curiosidades del Viernes Santo
L os preparativos para la semana santa a finales del siglo XVI, distan en mucho de los más estrictos cánones establecidos en la actualidad. Para los habitantes de la Nueva España la cuaresma iniciada con el miércoles de ceniza obligaba al ayuno destacándose el realizado por los oidores, el virrey y su esposa quienes se recluían en los conventos para ayunar a pan y agua.
Mientras esto sucedía en los conventos y en los domicilios particulares, en las iglesias se construían enormes tablados para la representación semiprofana de la Pasión de Jesucristo. En la iglesia de Santo Domingo el viernes 13 de abril de 1582, se realizó por primera ocasión un bello viacrucis el cual describimos a continuación.
En el centro de la iglesia, se construyó un gran tablado que llegaba hasta las escaleras del altar, y se clavaron en el piso las tres cruces simulando el calvario. Tanto la imagen de Jesucristo como la de los ladrones Dimas y Gestas fueron fabricadas con bagazo de caña, era tal su manufactura que las articulaciones presentaban el detalle que las caracteriza, en el resto del tablado se encontraban otras esculturas que también salían en procesión.
A la derecha de la cruz estaba la Virgen, vestida de negro y con un lienzo en las manos en actitud de llevárselo al rostro y secar sus lágrimas, lo sorprendente de esto es que la Virgen tenía movimiento, mismo que se lograba con unas cuerdas que pasaban bajo las andas, de tal forma que la imagen podía llevar las manos al rostro, inclinar la cabeza y también el cuerpo.
Antes de descender el cuerpo de Jesucristo, los sacerdotes pedían permiso a la Virgen, hecho esto dos de ellos subían por las escaleras y besaban los escalones haciendo una reverencia. Poco a poco iban bajando los símbolos de la pasión, la esponja, la corona, los clavos y la lanza depositándolos uno por uno en manos de la imagen, que con suaves movimientos los llevaba a su boca y después a sus ojos, todo esto hasta que descendían el cuerpo de Jesucristo que, ya cubierto con una sábana, era entregado a la Virgen, quien lo tomaba entre sus brazos y se lo llevaba al rostro con una actitud que transmitía dolor y respeto.
La procesión salía de Santo Domingo, continuaba por Monte de Piedad, aquí daba vuelta a la derecha continuando por la actual calle de Francisco I. Madero hasta llegar a San Juan de Letrán y a la iglesia de la Santa Veracruz, terminando en el Convento de la Concepción y dejando el cuerpo, que era velado por las religiosas de este monasterio, para ser conducido nuevamente a Santo Domingo a los tres días, el domingo de Resurrección.
Según crónicas de algunos autores, esta representación emocionaba profundamente a los espectadores ya que llenaban los templos, se amontonaban en las calles, cerraban bocacalles, se asomaban por ventanas y balcones, unos lloraban, otros gritaban o gemían , en fin un cúmulo de emociones afloraba al ver las dolorosas imágenes con movimiento que eran acompañadas por el lúgubre sonido de las trompetas.
La Leyenda de la Mujer Herrada
A fines del siglo XVI en la casa número 3, de la calle de la Puerta falsa de Santo Domingo, hoy 100 de Perú, vivía un sacerdote con una mujer como si fuera su legítima esposa. Cerca de allí en los bajos de la ex-universidad habitaba y tenía su taller, un herrador gran amigo y compadre del cura, quien estaba al tanto de aquella situación y con la confianza que se tenían, en repetidas ocasiones lo exhortó a que abandonara la senda torcida sin que éste le hiciera caso.
Cierta noche en que el herrador dormía, oyó llamar a la puerta del taller con grandes y descomunales golpes, que le hicieron levantarse inmediatamente. Salió a ver quién era, con temor de que fuesen ladrones, y se halló con que los que llamaban eran dos negros que conducían una mula llevando un recado de su compadre, suplicándole que herrase inmediatamente la bestia pues muy temprano tenía que ir al santuario de la Virgen de Guadalupe.
Reconoció la cabalgadura que solía usar el sacerdote y de mala gana por la hora que era, tomó sus herramientas y clavó cuatro enormes herraduras en las cuatro patas del animal. Concluido el trabajo, los negros se llevaron la mula, dándole crueles y repetidos azotes.
Al día siguiente muy temprano, se presentó el herrador en la casa de su compadre para preguntarle por qué iba tan temprano a la iglesia de la Virgen, se sorprendió al encontrar al clérigo aún en la cama al lado de su mujer.
-Lucidos estamos, compadre -le dijo-; despertarme tan de madrugada para herrar una mula, y todavía tiene vuestra merced tirantes las piernas debajo de las sábanas ¿qué sucede con el viaje?
-Ni he mandado herrar mi mula, ni pienso hacer viaje alguno -replicó el aludido.
Después de las explicaciones respectivas, imaginaron que algún travieso había querido correrle una broma al bueno del herrador, y para celebrar el incidente, el clérigo comenzó a despertar a la mujer con quien vivía. La llamó y la mujer no respondió, después la movió y su cuerpo estaba rígido, no se notaba en ella respiración, había muerto.
Los dos compadres se contemplaron mudos de espanto; pero su asombro fue inmenso cuando vieron horrorizados, que en las manos y los pies de la mujer, se hallaban las mismas herraduras con los mismos clavos que había puesto a la mula, el herrador.
Ya repuestos del asombro, ambos se convencieron de que todo aquello era efecto de la Justicia Divina y que los negros habían sido demonios salidos del infierno.
Inmediatamente avisaron al cura de la parroquia de Santa Catarina, y al volver con él a la casa, hallaron en ella a otro sacerdote y a un religioso carmelita que también habían sido llamados, y mirando con atención a la difunta vieron que tenía un freno en la boca y las señales de los golpes que le dieron los demonios cuando la llevaron a herrar con aspecto de mula.
Ante lo extraño y espeluznante del caso, y de común acuerdo con los tres respetables testigos, se resolvió hacer un hoyo en la misma casa para enterrar a la mujer y una vez ejecutada la inhumación guardar el más profundo secreto entre los presentes.
Cuentan que ese mismo día, temblando de miedo y jurando cambiar de vida, salió de la casa el clérigo protagonista de esta verídica historia, sin que nadie después volviera a tener noticias de su paradero.
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