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Expatriados del fútbol
Ya son muchos los argentinos que juegan para selecciones extranjeras. Un fenómeno en ascenso y el plan de la AFA para evitarlo.
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En estos días, Matías Vuoso, ex delantero de Independiente, y Darío Cvitanich, el goleador del último campeonato en la Argentina, comenzarán su carrera con las selecciones de México y Croacia, respectivamente. Para los países subdesarrollados como la Argentina y Brasil, que tienen la satisfacción de sentirse superiores a las potencias, por lo menos en el fútbol, casos como estos podrían hacer que se pierda ese privilegio, basado en ese consuelo de los más humildes, que siempre ha sido saber “que hay cosas que el dinero no puede comprar".
En la década del ’80, comenzamos a sufrir desde América latina, por cómo los mejores jugadores de nuestras ligas se iban a Europa seducidos por contratos millonarios y niveles de vida muy distintos de los nuestros. Lo tuvimos que aceptar, esperando con ansias aquellos momentos en donde la camiseta celeste y blanca volvía a juntar a los mejores y los mostraba ante su gente. “Estos jugadores son argentinos, nacieron y crecieron acá, y por más que se vayan, siempre van a ser argentinos”, pensábamos.
El avance feroz de la cultura capitalista está haciendo que el poder del “dios dinero” haga que ya no sólo se lleven a los jugadores a las ligas más importantes, sino que también se les muestre la carnada de la comodidad y el vil metal para arrastrarlos a sus selecciones, aunque los futbolistas atraídos no sepan ni siquiera el himno de esos países.
El peligro. En verdad, este fenómeno existe desde 1925, cuando el argentino Julio Libonatti, por entonces jugador de Newell’s, pasó al Torino de Italia y decidió comenzar a representar a la Selección azzurra, luego de haber jugado varios partidos con la camiseta argentina. Así, disputó los Juegos Olímpicos de Amsterdam 1928 con Italia y no jugó el Mundial de 1930 porque Italia no participó. Luego tuvimos a cuatro argentinos dando la vuelta olímpica con la Selección italiana campeona del mundo en 1934, y el gran Alfredo Di Stéfano, quien llegó a jugar 4 partidos con la Selección colombiana antes de vestir la camiseta española durante varios años, aunque sin poder jugar un mundial.
Si bien es cierto –como vemos– que esto viene sucediendo desde hace largos años, también es cierto que la tendencia va en aumento (ver cuadro “Expatriados en mundiales”), y con una peligrosa particularidad: luego del éxodo de grandes jugadores en las décadas del ’30, ’40, ’50 y ’60, los futbolistas que representaban a otros países a partir de esos años fueron siempre jugadores de segundo orden que no hubiesen tenido lugar en la Selección argentina. Eso, que no llegaba a ser un problema para nuestro fútbol, está sufriendo un cambio que de profundizarse, haría que el dinero europeo pueda comprar a los mejores jugadores de acá, para llevarlos a sus selecciones.
Es que últimamente se están dando dos fenómenos que son dos caras de una misma moneda. Los clubes de Europa vienen a buscar a los juveniles argentinos cada vez más chicos (entre 10 y 15 años) para llevárselos a Europa por la patria potestad, ofreciéndoles trabajo y un buen ingreso a sus padres. Una vez que estos chicos se asientan en sus nuevas ciudades europeas y comienzan a jugar en las inferiores de sus equipos, llegan los emisarios de las federaciones nacionales, para ofrecerles que se nacionalicen y que comiencen a jugar partidos en selecciones juveniles para el país en donde están viviendo. Muchos chicos (y padres), seducidos por la posibilidad concreta de jugar en una selección nacional y lejos –geográficamente– de la Argentina, aceptan la propuesta. Con esta maniobra, si el chico debuta en un partido oficial (aunque sea en juveniles) con una selección europea, ya no podrá jugar nunca más en la Argentina, de acuerdo con la normativa vigente de la FIFA.
Por ese tipo de maniobras, la Argentina estuvo a punto de perder a Lionel Messi, que casi juega para España antes de debutar para la Argentina en un amistoso organizado a la fuerza por la AFA, sólo para que Lio quedara “obligado” a usar de por vida la camiseta albiceleste. Pero hay otros casos en donde no tuvo el mismo éxito: Daniel Osvaldo y Fernando Forestieri son dos juveniles argentinos que ya han jugado en las selecciones menores de Italia, mientras que Germán Pacheco, un joven de 17 años que se fue de Vélez al Atlético Madrid por la patria potestad, ya jugó para el seleccionado español.
Por una cuestión de inmigración y de afinidad cultural, Italia y España han sido y son los países que más jugadores argentinos utilizaron en sus selecciones, pero también hubo muchos argentinos que jugaron para Bolivia, Paraguay y hasta en la actualidad está Roberto Colautti –ex Boca– jugando en Israel. (Ver cuadro).
El plan de AFA. ¿Cómo hacer entonces para frenar esto y asegurarse que a los mejores jugadores argentinos no se los lleve el dinero para otros horizontes? “En AFA estamos preocupados por este tema y manejamos un proyecto para intentar frenarlo”, admitió Héctor Domínguez, dirigente del organismo. El plan que tiene la AFA sería el de formar una Selección juvenil argentina integrada por todos chicos que militan en Europa, sólo con el fin de que jueguen amistosos con la camiseta argentina y de esta forma ya queden asegurados para el futuro, a salvo de buscadores extranjeros. “De todas formas es muy difícil detectar todos los chicos que están dando vueltas por Europa, algunos de ellos que se fueron con sus padres de muy chicos”, reconoce Domínguez.
Probablemente queden todavía cosas que el dinero no pueda comprar. Lo cierto es que son cada vez menos.l
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