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MICAELITA

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Una de las causas centrales de la sequia reside en la expansión acelerada de la soja. La peor sequía del último medio siglo está provocando mortandad de vacas en la principal zona tambera del país. La falta de lluvias determinó que no haya forraje para alimentarlas. La producción cayó a la mitad y no hay acceso a créditos. Los productores lecheros regalan vacas y terneros para no tener que matarlos.

En los últimos diez años la superficie sembrada subió de 6,6 a 15 millones de toneladas, desplazando a la ganadería de zonas tradicionales de cría e invernada y sustituyendo cultivos como trigo, girasol, algodón y arroz. Así dejó en evidencia los problemas que genera el mercado cuando se convierte en el principal asignador de recursos ante la pasividad estatal.



En la última cosecha, la producción de trigo cayó de 16 a 12,5 millones (21,9 por ciento), debido a la sequía en el sur de Buenos Aires, La Pampa, Córdoba y la región triguera del norte (Chaco, Tucumán, Santiago del Estero y Salta). No obstante, la superficie sembrada ha venido disminuyendo, más allá de variaciones coyunturales, desde la campaña 1996/’97 y acumula una caída promedio de 31,6 por ciento, que se agudizó en Santa Fe (-47,3) y Buenos Aires (-34,1).

La disminución de la superficie triguera es una consecuencia de la soja, pues en el mismo período en las provincias citadas la semilla verde se expandió 40 y 135 por ciento respectivamente. El desplazamiento del trigo no impactó más en la producción debido a las mejoras en el rendimiento por hectárea que pasó de 2200 a 2600 toneladas. Es posible que el próximo año la superficie sembrada aumente entre 15 y 20 por ciento y la producción crezca, como sostiene el Gobierno, pero los analistas consultados por este diario coincidieron en afirmar que eso no corregirá el desequilibrio generado por la soja.

Con la carne la situación ha sido similar. En el documento que detalla el Plan Ganadero, distribuido por el Gobierno a mediados de la semana pasada, se destaca que entre 1994 y 2003 el stock cayó de 55,4 a 54,6 millones de cabezas, mientras que la faena aumentó de 13 a 14,25 millones por año, lo que estaría indicando “una fase de liquidación de stock de cierta magnitud”. Esa liquidación tiene entre sus motivos principales el extraordinario negocio que significó, y aún significa, la producción de soja. Por eso muchos empresarios decidieron pasarse de la ganadería a la agricultura. Ahora el Gobierno busca revertir ese proceso otorgando créditos y otros incentivos al sector ganadero.

La soja también puso en jaque cultivos industriales como el algodón. En la campaña 1997/’98 la superficie sembrada era de 1,1 millón de hectáreas, pero su rentabilidad resultó poco competitiva frente a la semilla verde y comenzó a caer año tras año, hasta llegar al piso de 158 mil hectáreas (-86 por ciento). Desde entonces, se ha ido recuperando lentamente, pero continúa en niveles bajos. El mejor ejemplo de lo ocurrido puede verse en el Chaco. Allí la superficie sembrada de algodón cayó en diez años de 612 a 252 mil hectáreas, mientras que la superficie con soja creció de 70 mil a 664 mil hectáreas.

Ese desplazamiento generó pérdidas importantes de capital en las desmontadoras de algodón y obligó a las industrias hilanderas a importar fibra para responder a la demanda creciente que acompañó a la reactivación económica. Además, impactó en el entramado productivo porque el algodón le generaba ingresos a pequeños productores y a miles de trabajadores que “levantaban” la cosecha con su familia. Mientras que la soja excluye al pequeño productor y demanda menos mano de obra. La semana pasada se conoció que el Gobierno ultima detalles para destinar 50 millones de pesos tendientes a impulsar un plan de desarrollo sustentable y fomento de la producción de algodón, pero no se ocupa directamente de la soja. Las superficies arroceras también fueron víctimas de la expansión sojera. En Entre Ríos la sustitución de arroz por soja fue moneda corriente. En la campaña 1995/’96, la superficie de arroz sembrada en esa provincia era 111 mil hectáreas. Diez años después disminuyó a 61 mil. La soja, en cambio, se expandió de 149 mil a 1,2 millón de hectáreas.



Las divisas que generó la soja en momentos de crisis fueron celebradas por el Gobierno, que dejó que el “oro verde” se expandiera casi sin límites impulsado por la mayor rentabilidad que otorgaba con relación a los otros cultivos. La consecuencia actual es una estructura agroindustrial basada en un monocultivo, con la consiguiente pérdida en la diversidad productiva. Un informe elaborado por la Secretaría de Agricultura revela que en las zonas centro y sur de Santa Fe la soja cubre entre el 85 y 90 por ciento de la superficie sembrada. En Córdoba llega al 85 por ciento del área cultivada y en Entre Ríos al 60 por ciento. Una alta concentración se observa también en las zonas norte y sureste de la provincia.

La expansión indiscriminada de la soja no sólo impacta en los precios de aquellos productos que han sido desplazados. También genera una vulnerabilidad externa potencial que se podría sentir en la balanza comercial si los precios de la semilla llegaran a bajar en algún momento. Eso sin contar las discusiones que plantean los ambientalistas sobre los efectos que provoca la soja en el ecosistema a partir de la desertización creciente.




Es increíble que la vaca no aparezca en el escudo argentino. O que su cara mansa no nos interpele desde el centro de la Enseña patria, rodeada por los rayos del sol; o en lugar del sol. El símbolo por excelencia de la historia campestre nacional, ese que nos da la leche merengada y la del saché pasteurizado, la está pasando muy mal por estos días en la región argentina donde más se la adora y ordeña. El país de los tambos que late al este de la laguna Mar Chiquita, en territorios cordobés y santafesino, está sufriendo la peor sequía del último medio siglo.

En estos calientes días de agosto, el ícono de la argentinidad se está muriendo por falta de comida. Así como lo lee. Los primeros esqueletos envueltos en cuero podrido y orbitados por asteroides de moscas, que por estos días son multitud en las tierras ganaderas del norte santafesino y en tierras chaqueñas, también comienzan a repetirse en la zona tambera cordobesa.


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No llueve desde febrero y los cultivos de alfalfa parecen yuyos bonsái. El forraje se acaba y los tamberos no tienen otra que mantener en pie a las Holando Argentino con alimentos insólitos de mencionar en una redacción escolar: semillas de algodón, restos de granos de soja, cáscaras de maní y de arroz.

Tan mal viene la cosa que algunos tamberos confiesan que prefieren matar a los terneros cuando nacen porque en este árido momento es más práctico –e incomparablemente más barato– que criarlos. O los regalan, a veces con sus madres, a las familias pobres de los pueblos cercanos, que ya los sumaron entre sus mascotas hogareñas y los tienen pastando en las veredas, en plenas zonas urbanas. Son tanques de reserva para el desayuno y la torta de los domingos. Hasta ya tienen un nombre para ellas: las llaman vacas cafeteras, las mejores amigas del café con leche infantil.

Estómagos. Walter Baudino saluda con un apretón fuerte, como se supone que se debe hacer en el campo. Tiene la mano envuelta en un pañuelo estampado. “Se me rompieron dos o tres huesitos ayer, cuando la metí en una máquina. No voy a ir al médico por esta tontería...”, dice. Baudino, 67, grandote como un oso gringo, dirige un tambo abierto por su padre y tres tíos hace 66 años cerca de Colonia 10 de Julio, justo donde se enciman y entreveran los mapas cordobés, santiagueño y santafesino.



Junto a su hijo, su nuera, su esposa y su nieto, Baudino nos invita a conversar a la cocina. “Cuando me nace un ternero macho ruego que nazca muerto. ¿Para qué lo quiero? Me cuesta en comida mucho más que lo que me va a dar. Nace y ya arrancás para atrás. Esta es la sequía más grande desde 1948. Es algo insólito, no llueve desde el verano y ni hemos podido hacer reserva de comida. Los rollos de alfalfa valían fortunas y ya se terminaron. Nosotros por suerte sembramos algo de soja y con eso hicimos rollos y se los damos a las vacas. Les encantan, pero es casi lo mismo que darles de comer madera. El 90 por ciento de los tamberos está mucho peor, porque tienen que comprar los rollos. Si esto sigue así desaparecen las vacas y, con ellas, nosotros. Sólo este tambo da trabajo a 22 familias. Imagine lo que puede pasar si empiezan a caer todos”, reflexiona.


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Afuera, no muy lejos de la casa familiar, yacen los cadáveres descompuestos de algunas vacas lecheras. “Ya se me murieron 17”, dice Baudino, que todavía cuenta con otras 320 distribuidas en varios campos. “Con esto de la falta de comida por la sequía, las empezamos a alimentar con suero permeado, un sobrante de la leche que nos vendieron a buen precio. Nos dijeron que tenía la misma proteína que el maíz pero las mató por acidosis. El rollo de soja no tiene vitaminas ni nada, pero por lo menos mantiene a las vacas paradas”. Su hijo Gabriel acota: “Cómo estarán, que cuando ven venir el tractor con los rollos saltan por la comida”. Su padre nos ilustra. “Mire toda esa bosta amontonada entre los animales. ¿Quiere más indicio de sequía que ése?”.

La falta de agua hasta provoca problemas con la energía eléctrica. “El suelo está tan seco que no hace masa, las jabalinas no sirven y hay que llevar un cable y hundirlo en alguna represa para hacer masa. Si no, los boyeros (de los alambres electrificados para separar potreros) no funcionan”, cuenta Gabriel.

En los campos donde debía brotar la alfalfa, el polvo se enreda en remolinos de hasta 50 metros de altura. Ni una nube se arriesga a romper la monotonía celeste. Casonas, galpones y tranqueras se desarman al viento y esmeran su proceso de ruina en los campos sojeros que, con mejores réditos, reemplazaron a viejos tambos frustrados. A diferencia de los predios lecheros, estos son campos deshabitados, que expulsaron a las familias y que, en no pocos casos, no mantienen ni un peón que habite esa inmensidad de miles de hectáreas. Los plátanos y paraísos que los bordeaban a lo largo de kilómetros –explica uno de nuestros acompañantes– fueron secados por los nuevos dueños, para que su sombra no disminuya el rinde de la oleaginosa.



Combustible blanco. El despacho del intendente de Morteros no está forrado en cuero Holando Argentino, pero debería. Germán Pratto, contador, es una máquina de lanzar cifras demostrativas del combustible que representan para su ciudad de 20 mil habitantes las ubres de los batallones de vacas lecheras que la rodean.

Morteros está erguida en el centro de la zona con mayor concentración de tambos de la Argentina: cerca de 300 plantas lecheras distribuidas sobre unas 600 mil hectáreas que producen casi el tres por ciento de la leche argentina. En épocas normales, estos tambos recolectan 700 mil de los aproximadamente 27 millones de litros diarios que los argentinos ordeñan cada día a su mayor símbolo cuadrúpedo nacional. Pero hoy, seca mediante, sólo suman 350 mil litros.

“Por esta ciudad –detalla Pratto– pasan unos 400 camiones por mes cargados con maíz para las vacas. Cuando los tambos andan bien, vuelcan unos 20 millones de pesos mensuales sobre Morteros, por eso acá casi no sentimos el problema por las retenciones a la soja. En este momento, esa cifra apenas debe llegar a 15 millones de pesos pese a que el precio por litro de leche fue elevado a 1,05 peso. El 60 por ciento de los tambos está con problemas graves por la sequía”, admite.

Desde la Sociedad Rural de Morteros, el prosecretario Marcelo Cravero recuerda que de los 800 milímetros anuales que deberían regar la zona, desde agosto del año pasado, sólo cayeron 350: una lágrima. “Las vacas deberían estar produciendo entre 18 a 20 litros diarios, y están en sólo 6 litros”. Cravero dice que lo más grave está por venir. “Ahora mal que mal los tamberos apuestan a alimentar como sea a los animales porque si un tambo cierra después cuesta una fortuna abrirlo. Pero van a tener cero reserva para 2009, y eso será peor”, predice.

Polvo y espanto. “¿Cómo ando? Mal. Peor que esto es imposible”. Alberto Crovella es dueño de uno de los mayores tambos de la zona. Sus vacas, encerradas, comen sorgo con el fondo de la laguna Mar Chiquita. Mientras habla Crovella, el sol, más que en el horizonte, se hunde en un polvaredal. Tiene 1.040 vacas y admite que, por mes, está perdiendo entre 30 mil y 40 mil pesos debido a la sequía. Cuenta que en una feria cercana, en Villa Trinidad, vendieron un ternero de 180 kilogramos a nueve pesos porque el dueño, al ver que no conseguía nada, pidió que al menos le dieran para pagar la guía de transporte de los animales. Él está pensando en enviar a faenar 150 de sus lecheras a un frigorífico tucumano.

Crovella muestra las manos. Hay que verlas. “Ordeñé durante 43 años los 365 días de cada año. Este es el peor año de todos”. Dice que le cayó un 40 por ciento la producción. Producir un litro de leche le cuesta 1,15 peso y se lo pagan a 96 centavos. El costo del alimento era en promedio de 30 centavos por litro y ahora se elevó a 50. “La única forma de que los tamberos lleguemos a noviembre es con un crédito urgente del Gobierno para compra de forrajes. Si no, se nos caen las vacas”. Que una vaca se caiga, sobre todo las que están por parir, significa literalmente que se tire a tierra y no se levante nunca más, hasta hacer un esqueleto rodeado de moscas, por la falta de nutrientes en la alimentación.

“Es feo ver llorar a hombres de 65 años”, dice Cravero. “Es feo lo que estamos viendo acá”. El intendente Pratto deja escapar otra frase cargada: “Ni las tragamonedas generaron un efecto tan nocivo para la zona como la sequía”. Para colmo, no hay créditos bancarios para tamberos.



En los barrios del norte de la ciudad, la irrigación generosa de las vacas permitió un importante boom de la construcción. En zonas más modestas como las de barrio Sucre, los terneros pastan en la vereda y caminan en los patios. Una sola casa tiene cuatro terneros. Otras tienen vacas grandes y crías. “Están regalando vacas a montones”, dice Jorge Avendaño, hermano de un cabañero y dueño de las vacas cafeteras que arrancan el pasto frente a su vivienda. “Me dan leche para los chicos. Yo las ordeño todos los días, aunque es difícil criarlas y, ahora, estoy viendo si las puedo vender. Si no, las carneo”. Sus hijos lo miran con cierta alarma cuando lo dice.

El país lechero hoy es todo sequía. Sabe, íntimamente, que de alguna manera va a salir adelante. “Cuando estás en el pantano, agarrate de la cola de las vacas, que siempre te sacan”, dice una frase repetida en la zona. Los tamberos de la cuenca están agarrados hasta con los dientes.

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  • Fecha: Lunes 01/09/2008 a las 18:20 hs
  • Categoria: Noticia
  • Tags: campo leche pampa humeda sequia tierra vacas
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ediciones Este post tiene Ediciones [ver ediciones]



#1    vieron en la liga el programa sobre esto??? sigan gringos nos van a cagar todo
 Por revolveres_19 el Martes 02/09/2008 a las 07:14 hs.

#2    lei el informe y es terrible lo que pasa, es una problematica muy grande la de los tamberos... pero no encontre nada que tenga que ver con el titulo, o soy muy naboleti o ahi no dice como es que la soja produce la sequia.
 Por mmmcerveza el Martes 02/09/2008 a las 09:10 hs.

#3    vos sos "lapinguina" o te re afanaron el post?
 Por mmmcerveza el Martes 02/09/2008 a las 09:44 hs.

#4    sigo sin entender que tiene que ver el titulo con el contenido del post
 Por mmmcerveza el Martes 02/09/2008 a las 11:45 hs.

#5    sigo igual, el contenido del post no explica el titulo.......
 Por mmmcerveza el Martes 02/09/2008 a las 19:02 hs.

#6    bueno... no es problema mio que no entiendas ni el titulo ni el contenido del post. no lo leas sino lo entendes.
 Por MICAELITA el Martes 02/09/2008 a las 23:06 hs.

#7    yo si entiendo lo que dice el titulo, y lo que dice el contenido, lo que estoy diciendo es que no hay relacion entre ellos, no sabes lo que estas posteando.... ESE es un problema
 Por mmmcerveza el Martes 02/09/2008 a las 23:26 hs.

#8    una lastima tener que votar negativo porque este mal el titulo... , la nota esta buena...
 Por mmmcerveza el Miércoles 03/09/2008 a las 14:10 hs.

#9    con ediciones y todo sigue estando mal, esta mal el TITULO
 Por mmmcerveza el Miércoles 03/09/2008 a las 19:55 hs.

#10    LLegue tarde y ya cambiaron el titulo?, o es q en realidad mmmcerveza no entiende el titulo "El cultivo de soja y sus consecuencias"?????. Si es asi creo q deberias dejar de chuparte con cerveza y probar jugo de soja
Saludos, buenisimo el post
 Por Alexfederico el Domingo 28/09/2008 a las 12:00 hs.

#11    Me sumo a la campaña de cambiarle el titulo a este articulo
 Por jjj el Lunes 22/12/2008 a las 10:58 hs.

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